Casi un año cumpliendo proyectos

Casi un año cumpliendo proyectos

La historia llegaba a su fin con la recolocación del reloj en su tradicional fachada de la torre de la residencia Francisco Joaquín Iriarte de Elizondo, un edificio de más de 100 años de antigüedad que atiende a 150 personas.

Veinte años después, las manecillas del reloj de la residencia volvieron a marcar la hora gracias a nuestra cooperativa. En octubre de 2017 una historia de colaboración y solidaridad llegó al capítulo final haciendo que el famoso reloj de la residencia volviese a lucir reparado en el pueblo baztanés.

Así, fruto de una campaña de esfuerzo y colaboración por parte de los socios que realizaron aportaciones, pudimos anunciar al maestro relojero Francisco Javier Herce, que se ocupó de “dar vida” al mecanismo, sólo le quedaban horas para terminar el proceso. Como cooperativa habíamos cumplido, en tiempo y forma, nuestro primer proyecto.

En un momento dado, el engranaje del reloj empezó a cansarse de su rutina actividad y se detuvo. Así se mantuvo durante años hasta que llegamos nosotros con el lema “Dale vida al reloj de la residencia Francisco Joaquín Iriarte”.

El tiempo fue pasando pero sin el testigo de su avance. La demora de un principio para buscar una solución se fue alargando. Hace dos años, el joyero-relojero pamplonés Francisco Javier Herce, de joyería Arrieta, escuchó la propuesta para que se acercase a mirar el estado del reloj detenido.

Su invitación provino por sus conocimientos depurados en el mantenimiento de los relojes de salón del Palacio de Navarra. Al llegar a Elizondo, asegura que se encontró con “una pequeña máquina con una tapa, pero sin cables”. Su intuición profesional le condujo a buscar la centralita que mandaba las órdenes al módulo de arranque del movimiento giratorio.  De regreso a Pamplona, tras la inspección ocular, comenzó a realizar gestiones con proveedores para disponer de un sistema similar.

Aquellos trámites no fructificaron en una apuesta de cambio, que devolviese a la residencia el parpadeo de su vigía monocular. Fue hacia mayo del 2017 cuando el relojero recibió la llamada por parte de Rafael Sánchez-Ostiz, director general de Idea y especialista en Geriatría y Gerontología, para notificarle que la recaudación de donativos había dado consistencia económica al proyecto.

En el plan nos marcábamos el objetivo de alcanzar 2.500 euros para costear la reparación del reloj, símbolo de “vida” tanto para los ancianos de la residencia como para los habitantes del pueblo.

 

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